Ahora te presentamos la segunda parte de la verdadera historia del ratoncito de los dientes, que la disfrutes!!!

 Ratón P.E.R.E.Z.

-Hola Mang ¿cómo estás? –Pregunto un Nicolás que es un niño muy travieso y preguntón, y al que pronto le darían el nombre de Selva Chikai, que es un ratoncito regordete, y curioso.

-¿Quién se atreve a molestarme a esta hora de la madrugada? – Pregunto Mang no de muy buen humor porque le despertaron de su siesta diaria.

-¿Temprano? – Respondió un divertido Nicolás y luego espeto –Son casi las 12 del día.

-Media noche – refunfuño Mang,-o mejor dicho medio día – rio con fuerza mientras decía el futuro Chikai.

-Bueno ya que me has despierto a estas insanas horas de la mañana, dime que requieres.

-Pues casi nada, fíjate que ya no podré ser un murciélago como tu… tu sabes que quería ser un nombre de selva imponente como el del gran Mang pero…

-Pero ¿qué? Los Mang somos geniales y podemos guiarnos mejor que nadie en la manada de lobatos en la noche.

-Sí eso es cierto pero fíjate que anoche se me cayó un colmillo. Valiente Mang sería si fuera un murciélago con un solo colmillo, creo que cuando al fin me den nombre de selva seguro me llamarán Chikai.

Mang lo vio tan preocupado que le dijo al Joven Nico, no te preocupes, no todos fuimos hechos para ser imponentes murciélagos – concluyó el grandísimo murciélago de 15 cm de alto. Algunos de ustedes los ratones tienen trabajos super importantes.

¿En serio? – pregunto un Nico con los ojos abiertos como platos con sendas rebanadas de pastel de chocolate por lo café de sus ojos.

En serio – respondió Mang, y luego pregunto – ¿Qué has hecho con tu colmillo caído?

El orgulloso Chikai, o bueno próximo a ser Chikai busco dentro de su camisola y saco un pequeño diente de leche con forma de un colmillo. Se lo mostro a Mang y dijo alegremente – Seguro que por este diente me darán una monedota, fíjate lo blanco y bonito que esta.

Mang admiro el diente y dijo, haces bien en seguir la ley de la manada y mantenerte limpio y sano. He visto dientes que muchos lobos intentan cambiar, dientes que están llenos de caries, pero te apuesto a que no sabes quién y por qué se cambian los dientes.

Nico lo miro con cara de duda, abrió la boca para hablar un par  de veces pues no, yo solo dejo el diente bajo mi almohada y al día siguiente tengo una reluciente moneda. Una moneda tan reluciente que parece haber sido pulida mucho. Pero en realidad no se quien cambia los dientes por dinero.

Mang le dijo, pues bueno ya que me despertaste prepárate a escuchar la historia del ratoncito de los dientes, el ratoncito PEREZ.

Pues bien- comenzó Mang sin dejar de mover sus alas para tomar un poco de impulso y volar al piso para quedar frente al pequeño, dentro de los ratones hay muchos trabajos importantes. Están los ratones del equipo de rescate que ayudan a Bagheera y a Baloo cuando quedan atrapados en trampas humanas royendo las cuerdas y dejándolas escapar.
Pero en una ocasión un ratoncito se adentró dentro de las ruinas de las moradas frías y debajo de unas rocas, muy por debajo encontró una moneda. Esa moneda parecía fuera de lugar y mucho más dentro encontró otra moneda y luego otra y así.

Todos saben que los elefantes bebes nacen con colmillos muy pequeños e inclusive habrás visto que hay elefantes sin colmillos, pero esto se debe a la falta de dientes.

-¿A la falta de dientes?- preguntó un Nicolás bastante preocupado.

-Sí, me temo que así es – respondió Mang. Hay tantos animales en la selva del Seeonee que requieren dientes que los elefantes al ser tan nobles y grandes casi nunca logran atrapar los dientes que se caen. Hasta la aparición de este ratoncito los banderlogs, que son unos monos super hábiles se encargaban de recolectar todos los dientes y dárselos a los Jabalíes para que los pusieran en sus colmillos inferiores y obtuvieran un arma magnífica, y para cuando el majestuoso paquidermo llegaba no había dientes para sus bebes.

Pues eso cambio después de que el ratón encontrara las monedas. Los elefantes hicieron un trato con los ratoncitos. Kalanag y Hathi prometieron a los Chikai’s que si ellos les daban dientes ganándoles a los banderlogs a recogerlos, ellos tendrían mucho más cuidado al momento de caminar para no aplastarlos.

Al principio parecía una tarea simple y luego dijo. El problema es que aunque los humanos no se preocupan por sus dientes y los tiran apenas se caen, los monos están siempre puestos a recoger los dientes y nosotros somos tan pequeños que casi siempre nos ganan la carrera.

Pero a un Chikai, travieso como siempre se le ocurrió un plan. Haría que los humanos no tiraran los dientes después de que se les cayeran sino que los escondieran. Pero ¿cómo hacer esto?

Continúa leyendo la segunda parte del cuento la próxima semana, te esperamos!!!