A nadie le gusta que le griten. Es irritante y en muchas ocasiones causa temor a aquellos que están al final del grito. Es siempre una señal de violencia o de temor, y activa en nosotros la evitación.

Que nuestros hijos no nos necesitan es una señal inequívoca de que están creciendo y eso enciende nuestras alarmas por lo que en diversas ocasiones y de forma inconsciente obstaculizamos su mismo desarrollo.

Uno de los aspectos sustanciales de la crianza de los hijos es que ambos padres estén sintonizados en lo que quieren para ellos, en que trabajen como equipo comunicándose entre sí para velar por el adecuado desarrollo de los niños involucrados.

Uno de los problemas más frecuentes que tienen las madres es que sus hijos no les hacen caso y llegan a puntos en que dicen que “ya no sé hacer”. Nos arrancamos los pelos y no dormimos de noche con este problema en nuestra mente pero muchas veces la situación es más sencilla de lo que creemos.