Categorías del directorio

Como madres venimos con el instinto de protección desde la fábrica, es algo que está impreso en nuestros genes y es lo que nos hace más receptivas ante las necesidades de los otros. Cuando ese otro es alguien que llevamos en nuestro vientre el “instinto” se triplica, todo con la finalidad de garantizar su supervivencia.

Cuando quedamos embarazadas nuestro cuerpo se ajusta para mantener al bebé con vida. Nuestros órganos dan espacio a su crecimiento, se configuran  produciendo dolorosos episodios de tiempo en tiempo. Consume nuestra energía y es un cambio  bastante importante en nuestra vida.

Los embarazos ocurren a diario, a cada minuto una mujer queda embarazada y otra está dando a luz. Es un acontecimiento común y a lo que estamos acostumbrados, pero para nuestro cuerpo no lo es.

Los cambios por los que pasa una mujer embarazada escapan de la comprensión de los demás y de ellas misma, más que todo porque es visto como la función primordial de la vida femenina;  debido a esto las personas que observan el embarazo desde afuera no pueden siquiera empezar  a imaginar todo lo que ocurre en esos nueve meses.

Cuando el nacimiento llega, nuestro cuerpo pasa por un gran trauma y por largas horas de dolor constante para dar vida a nuestro bebé.

Si la mujer ha decidido traer a su hijo o hija al mundo por medio del parto natural le esperan largas horas de preparación, de buscar paciencia cuando tu cuerpo está contraído por dolores continuos (parecidos al dolor que puede sentir una persona cuando se rompe todos los huesos a la vez) dado que tus músculos y huesos están abriéndose para abrir paso a una pequeña personita. Y eso sin contabilizar el tiempo que tu cuerpo pasa preparándose para el gran día.

Sí la mujer en cambio decide una cesárea le espera toda la preparación que una operación necesita, más una persona haciendo uso de bisturís y herramientas varias  para abrirse paso  hacia el útero y el saco amniótico con la finalidad de llegar al bebé.

A todo eso se le suma la lactancia, las noches sin dormir y las mil y un preocupaciones. Pensando en todo esto no se nos hace difícil saber porque una madre tiende a ser sobreprotectora con sus hijos.

Pero el problema surge cuando la sobreprotección es tanta que termina interfiriendo con su adecuado desarrollo.

A medida que nuestros hijos crecen, más curiosos acerca del mundo se vuelven. Están decididos a explorarlo todo por medio de su sabor, de su textura y que tal se sienten en sus manos. Todo es nuevo, brillante y mágico, y ellos no pueden esperar a descubrirlo todo.

OndaKids sin derecho a explorar.

Ellos quieren jugar, ver lo que la computadora hace, apretar botones y hacer todo lo que mami y papi hacen. Pero por miedo a la posibilidad de que se puedan lastimar, mami no los deja hacer ciertas cosas que efectivamente atentan contra su bienestar, pero hay madres que por este mismo miedo prohíben a sus hijos este medio de aprendizaje.

OndaKids sin derecho a la amistad.

Muchas madres no dejan que sus hijos jueguen libremente en el parque, le dicen cuáles juegos son en los que debe jugar y cuáles no, le dicen con cuáles niños jugar y con cuáles no, o en casos extremos evitan llevarlos al parque o a otra actividad limitándolos solo a las interacciones con familiares como hermanos (si tienen) o primos. En esta misma línea de pensamiento, hay madres que evitan a toda costa que sus hijos interactúen con otros niños que no forman parte de la familia, limitando la interacción social a familiares y a compañeros de escuela en la escuela.

Este tipo de aislamiento evita que sus hijos desarrollen destrezas sociales, desconozca la existencia de personas que no pertenezcan a la familia, por lo que se le hará difícil la creación de vínculos afectivos con personas  nuevas a lo largo de su vida. A parte de que evitará que sus hijos comprendan la diversidad que existe lo que trae como consecuencia que no comprendan situaciones que sean diferentes a las que ha estado expuesto todo su vida. Cabe destacar que mientras más interacción social experimente un niño, más va a saber sobre el funcionamiento de la sociedad a la que pertenece.

Ya mencionamos los vínculos afectivos fuera de la familia y muchas personas tienden a pensar que no hay nada mejor que tener a su hermano y a sus primos como mejores amigos cuando esto en realidad lo que hace es limitar la interacción social de los niños, ocasionando que en un futuro no sepan como comportarse con personas que no formen parte de su familia.

Por ejemplo, si sus hijos están más grandecitos, digamos ocho, nueve o diez años de edad y un amiguito en la escuela les invita a una pijamada. Su hijo o hija llega a usted emocionado porque le están invitando a jugar y comer en casa de su amiguito, lo que garantiza un día lleno de diversión y risas.

Y ante esto usted dice que no, alegando que no conoce a los padres del niño o que no confía en ellos, o que no es bueno quedarse en casas ajenas.

Usted al hacer esto esta aislando a sus hijos del mundo, entorpeciendo su aprendizaje y criando a un niño que va a crecer con una sensación de soledad que le acompañara toda su vida.

Usted puede alegar que ellos no están solos, que usted juega con ellos y siempre está allí para complacerlos, pero usted no es un niño que entiende lo que Hora de Aventura es ni está a su mismo nivel de desarrollo por lo que no se puede identificar con él o ella de la misma manera que el niño que le invita a su casa. Usted es su madre.

Esta situación empeora cuando nos interponemos en el aprendizaje por exploración de parte del niño y esto ocurre cuando no le dejamos entrar en la cocina y cuando no le dejamos ayudar sin explicarle porqué, cuando no solo los aislamos de sus amigos en la escuela sino también de sus primos porque nosotros no tenemos tiempo de cuidarlos a todos mientras juegan o no queremos dejar que otro cuide a nuestro pequeño.

Así como nosotras nos podemos sentir agobiadas y necesitamos hablar con otra persona de nuestra edad, nuestros hijos también necesitan conectarse con otros niños de su edad, de lo  contrario siempre tendrán esa sensación de vacio y soledad que solo se agravará a medida que crezcan.