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Uno de los aspectos sustanciales de la crianza de los hijos es que ambos padres estén sintonizados en lo que quieren para ellos, en que trabajen como equipo comunicándose entre sí para velar por el adecuado desarrollo de los niños involucrados.

Cuando estamos inmersos en lo que es el trabajo de ser padres tendemos a dividirnos roles sin darnos cuenta, y a ponernos títulos que lo que más hacen es traernos consecuencias. Todos hemos sido testigos del  policía bueno y el policía malo, la mamá que dice que no y el papá que dice que sí o viceversa.

Ambos padres tienen como meta individual ser al que sus hijos “quieran más” y para esto adoptan  medidas como complacerlo en todo, muchas contradiciendo a su pareja y crean una fisura que los hijos ven como una oportunidad para obtener lo que ellos quieran, algo de lo que no nos damos cuenta y nuestra estrategia se tuerce en nuestra contra, y como resultado no somos el padre “al que quieren más” si no que nos convertimos en el padre que pueden manipular más. Esto sucede aún con más frecuencia en el caso de padres divorciados.

No es algo que ellos hacen con malicia ni es algo que planean de antemano, es solo un medio más de poder hacer su voluntad.

Es entendible este curso de pensamiento porque inconscientemente siempre estamos en una suerte de competencia con nuestra pareja. No existe algo como que nuestros  hijos quieren más a un padre que al otro, esto solo ocurre cuando uno de ellos esta ausente de la vida de sus hijos, pero cuando ambos comparten la responsabilidad y pasan el mismo tiempo con ellos tienden a quererlos por igual. Lo que sí ocurre es que los hijos siempre terminan identificándose más con un padre que con otro y por eso es que tienden a gravitar más en la dirección de ese padre.

Lo único que hace esto de jugar al policía bueno y al policía malo es que no solo el niño va a tener una confusión acerca de cuál orden seguir y que sepan a cuál padre pedirle más chocolate.

Ante esto la comunicación es clave.

Es bueno que los padres se sienten y revisen cómo están educando a sus hijos y si esa es la forma en la que los quieren educar. Dentro de esto compete lo que desean para el futuro de ellos, dialogar cuál es el mejor estilo de crianza y estar siempre de acuerdo.

Vamos a utilizar un ejemplo para ilustrar:

Mi hijo (de 8 años de edad) está jugando con la pelota adentro de la casa, ya van tres veces que le he dicho que juegue afuera pero no me hace caso y termina rompiendo un recuerdito al que estaba emocionalmente ligada. Estoy frustrada pero respiro y le digo que no va a ver televisión en el resto del día. El niño llora en protesta pero mantengo mi postura. Cando mi pareja llega y ve su tremendo puchero y ojos de cachorrito le levanta el castigo porque “pobrecito, está aburrido”. ¿Ven aquí el problema?

Desautorizar a un padre delante del hijo y sin haberlo consultado con el otro es uno de los errores más grandes que podemos cometer a la hora de criar un hijo. Le estamos demostrando que existe una relación en la que la opinión de uno de los padres tiene más fuerza que la del otro y que esa opinión que vale más es fácil de manipular.

Ponernos de acuerdo con nuestra pareja no solo nos dará más autoridad a la hora de instaurar límites sino que evitaremos causar confusión a nuestros hijos.

Debemos ser coherentes.

No podemos bajo ninguna circunstancia enviar un mensaje y cambiarlo al momento siguiente, tampoco debemos levantar la norma que el otro padre ha instaurado. Debemos conversar  con nuestra pareja y tener todos los puntos claros y la manera en la que vamos a proceder.

Además de esto procurar que nuestros hijos nos vean como un equipo que no tienen ningún tipo de fisura y que está seguro de la manera en la que están tratando la situación con ellos. Los padres deben tener confianza en sí mismos, en sus decisiones y en la ejecución de estas.

El mensaje debe ser claro y explícito, deben de asegurarse que su significado llegó completo y qué es claro.

Los mensajes pierden todo su valor cuando de inmediato es cambiado: no le podemos decir a nuestro hijo que está castigado toda la semana y al segundo día levantarle el castigo.

Eso deja ver la falta de compromiso que tienen los padres con sus propias palabras y lo débil que es su toma de decisiones, lo que se deja abierto a una oportunidad para que el hijo busque los botones correctos que llevarán a que los padres o el padre que muestre esta fisura sea fácil de manipular.

Esto es igualmente verdadero al momento de instalar un sistema de recompensas, si se le dice al niño que si mantiene su cuarto ordenado por 3 semanas se le llevará al cine, no podemos transcurridas las 3 semana y el cuarto ordenado decir cosas como "hoy no, porque no tengo dinero" o "no porque esa toalla estaba fuera de lugar" buscando un pretexto para no cumplir nuestras palabras.

La pareja es pareja por una razón, juntar dos personas que tengan una visión similar de la vida y un proyecto en conjunto además de una buena comunicación y estabilidad emocional, es lo que hace que sea factible criar a un niño en un ambiente que le brinde todas las condiciones para un adecuado desarrollo. Ser conciso y coherente con el mensaje y las decisiones es lo que nos ayuda a criar a un futuro adulto que sea funcional y bien adaptado.