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Son infinitos los momentos en nuestras vidas que rezamos al cielo por un manual o al menos un par de instrucciones para entender mejor esto que llama vida, y son infinitas las ocasiones en las que estamos seguros que se rieron de nuestras plegarias. Bien, criar hijos no es diferente.

Tener hijos es uno de los mayores desafíos  que una persona puede llegar a enfrentar,  todo el mundo llega con mil y un consejos que al final no terminan convenciéndonos del todo y solo terminan confundiéndonos. No hay fórmulas mágicas ni un método perfecto para criar a nuestros hijos, pero si hay métodos adecuados que se ajustan de acuerdo a las características de la dinámica familiar que tenemos y a las necesidades emocionales de nuestros hijos.

Es el punto clave de nuestras vidas, o así es como la sociedad lo ve y nos enseñan. Toda nuestra vida se encamina con ese objetivo en mente, nuestros padres y familiares siempre vienen con esa pregunta en la boca, y cuando nos decidimos a tenerlos parece ser que todo el mundo tiene un consejo en la punta de la lengua y se deciden a hacer cola para dártelo y si bien estas personas vienen con  toda la buena intención del mundo, podemos llegar a sentirnos un poco sobrecargado con todos lo que nos dicen.

Hoy en día a estas personas se le suman los programas de televisión, las secciones de revistas y el Internet con tanta información que se nos puede hacer difícil discriminarla y terminamos sintiendo que no sabemos nada.

Nuestra época está marcada por una sed increíble de conocimiento y parece que siempre andamos buscando la respuesta a algo, y aun más con niños. Investigamos nombres, qué esperar durante el embarazo, qué es normal y qué no, qué tan cierto es que la música ayuda a su desarrollo en el vientre; y una vez que lo tenemos en los brazos la lista de preguntas en nuestro buscador se hace cien veces más larga.

Pero eso no termina allí, porque resulta que  a eso se le suma nuestra propia vida, y es que bien sabemos que ser madres hoy en día no es el único trabajo que tenemos: tenemos nuestras carreras, nuestros compromisos y nuestras aspiraciones. La vida no se para solo porque tenemos a otro ser humano o seres humanos que necesitan no sólo de nuestro tiempo sino de nuestra guía para el día de mañana ser un adulto emocionalmente estable.

Y así como la vida no se para, nuestras propias experiencias y traumas no se desvanecen sino que interfieren en la crianza  de nuestros hijos, y con nuestra pareja eso se multiplica por dos.

Y allí nos vemos, con un niño que nos necesita para sobrevivir y con tantas expectativas e ilusiones como consejos y ante esto terminamos haciendo una de dos cosas: repetimos el patrón que criticamos de nuestros padres o hacemos todo lo contrario, y en el peor de los casos no nos ponemos de acuerdo con nuestra pareja y terminamos mandando dos señales distintas.

Estilos de Crianza

Vamos a revisar los estilos de crianzas, de modo que usted puede identificar el que está actualmente usando y el que le gustaría usar.


La crianza autoritaria hace hincapié en el control y la obediencia incondicional.

Los padres buscan que los hijos se conformen de acuerdo a  un conjunto de normas específicos y cuando estas no son acatadas, proceden a castigar de forma arbitraría y enérgica. En consecuencia terminan siendo más distantes y menos cálidos  que otros padres por lo que sus hijos tienden a ser más retraídos y desconfiados.

La crianza permisiva es la que dice sí a todo.

Esta otorga prioridad a la autoexpresión y la autorregulación, básicamente esperan que el niño haga algo que nunca se le enseñó ni se le indicó. Los padres permisivos exigen poco y permiten que los niños supervisen sus propias actividades tanto como sea posible. Cuando tienen que establecer reglas, explican las razones para hacerlo. Consultan con sus hijos acerca de la conveniencia de tomar ciertas decisiones y rara vez los castigan. Son cálidos, no controladores ni exigentes. Sus hijos en edad preescolar tienden a ser inmaduros y son los que muestran menos autocontrol y menos exploración.
En los hogares permisivos los niños reciben tan poca orientación que pueden sentirse inseguros y ansiosos pues no saben si están haciendo lo correcto o no.

¿Qué fue lo que leí en Internet acerca de la crianza?

Y ahora la que tiene mejor fama y los psicólogos afirman que es la mejor: la crianza democrática.

Esta deja explorar al niño su individualidad pero también subraya las restricciones sociales. Los padres autoritativos tienen confianza en su habilidad para orientar a los niños pero también respetan sus decisiones independientes, sus intereses, opiniones y personalidades. Son cariñosos y muestran aceptación, pero también exigen buena conducta y son firmes en mantener las normas. Imponen castigos sensatos y limitados cuando es necesario, en el contexto de una relación de calidad y apoyo. Favorecen la disciplina inductiva, explican el razonamiento detrás de sus posturas y alientan el intercambio verbal, lo que logra que los hijos se sientan seguros por saber que son queridos y lo que se espera de ellos. Los niños en edad preescolar con padres autoritativos suelen tener más confianza en si mismos y más autocontrol, son más asertivos, curiosos y felices.

Estos padres establecen expectativas sensatas y estándares realistas por lo que los niños gozan de competencias sociales. Las reglas se plantean de forma clara y consistente, permiten que los niños sepan lo que se espera de ellos.

En los hogares democráticos los niños saben si están cumpliendo las expectativas  y pueden decidir si vale la pena arriesgarse al disgusto de los padres por perseguir una meta. Se espera que estos niños tengan un buen desempeño, cumplan los compromisos y participen activamente en las tareas familiares, pero también en la diversión. Conocen la satisfacción de aceptar las responsabilidades y de lograr el éxito. Los padres que hacen peticiones razonables demuestran que creen que sus hijos pueden satisfacerlas y que les importa lo suficiente para insistir en que lo hagan.

Este último estilo de crianza combina los dos anteriores, convirtiéndose en un estilo con muchos beneficios y muy pocas consecuencias.

Es bueno evaluar nuestro estilo y compararlo con lo que queremos para nuestros niños y como queremos que sea nuestra dinámica familiar, es una decisión expresamente de los padres y debe ser comunicado con todas las personas que convivan en la casa dado que estos son una influencia importante en el desarrollo de nuestros hijos.