Categorías del directorio

Es común escuchar madres refiriéndose a sus hijas como sus mejores amigas, así como es común expresar sus deseos de querer tener una mejor comunicación con ellas y ser honradas con su confianza. ¿Pero qué pasa cuando somos más amigas que madres?

mi hija no mi amiga

Querer tener una conexión especial con nuestras hijas es uno de los anhelos más normales del mundo. Nosotras nos vemos en nuestras hijas, queremos que tengan una mejor experiencia de vida que nosotras y que aprendan cosas que nosotras nos pudimos aprender en nuestro tiempo. Asimismo, soñamos con que nuestras hijas sean capaces de hablarnos de todo y que seamos la persona en la que ellas más confíen en el mundo.

Y esas cosas no tienen nada malo, de hecho gozar de una buena relación con nuestros hijos debería ser la meta de todos los padres allá afuera, no solo beneficiará a nuestros hijos en futuras relaciones sino que nos usarán de referencia para criar a sus propios hijos cuando el tiempo llegue.

Sin embargo, cuando este deseo se nos sale de las manos podemos terminar usando dos métodos que son sin duda dañinos para el desarrollo de nuestros hijos: uno es consiguiendo el vínculo aislándola del resto del mundo, y el otro es convirtiéndonos en su amiga dejando de lado nuestro rol de madre.

Lo que la madre aporta y lo que el amigo concede.

Nuestro rol de mamá está diseñado para brindar a nuestros hijos la salud emocional, el aspecto afectivo y facilitar su adaptación al mundo en el que viven. Nosotras estamos aquí para guiarla y darle apoyo en su aprendizaje.

Los hijos toman de nosotros nuestra confianza, estabilidad emocional, capacidad para resolver problemas, nuestros valores, conceptos y autoestima, y hasta nuestros hábitos.

Nosotras ya tenemos nuestra guía del mundo, ya hemos explorado y aprendido lo que ellas están empezando  aprender, ya hemos resuelto los conflictos con los que ellas ahora se están enfrentando por lo que nosotras somos las que tenemos las instrucciones y debemos pasárselas a ellas.

Mientras que un amigo se encuentra en su nivel.

Su amiga habla con ella de los nuevos episodios de  sus series favoritas y comparte las mismas ganas de cantar igual que Violeta. Con un amigo ellos se identifican y comparten las mismas ganas por aprender cada día más del mundo que aun les parece tan nuevo.

Cuando la madre decide ponerse al mismo nivel que su hija con el objetivo de fortalecer el vínculo entre ellas y de ganarse su confianza, está dejando atrás el trabajo de ser su guía y apoyo y pasa a ser otro compañerito más que no tiene la capacidad de protegerla.

Al principio esto parece genial, le parece así a nuestra hija y a nosotros mismos pero no nos damos cuenta del daño que podemos estar haciéndole.

Lo que hace tan especial las amistades es que lo hacemos con personas con las que nos identificamos y que están pasando por las mismas adversidades que nosotros por lo que nos comprenden. Nosotras como adultas ya pasamos por esa etapa, en una época distinta y con modas distintas. No hay manera que nos parezca estresante el aprenderse las tablas de multiplicar o lo complicado que es dividir por dos cifras, porque resulta que eso ya lo sabemos pero el amiguito que se sienta con ella los cinco días a la semana sí comprende la dificultad en esa tarea.

Al hacernos sus amigas nos ponemos a su nivel, tendemos a confundirla a ella y a tratarla como nuestra amiga también olvidando muchas veces que aún es pequeña, que necesita nuestra orientación y que no le interesa lo que tenemos que decir acerca del poco apropiado atuendo de la mamá de Teresa y de que como avergüenza a su hija además de que estamos perpetuando el mal hábito de criticar a otras mujeres.

Ser sus madres debe ser nuestro principal objetivo y dentro del ser madre viene incluido el tener un buen vínculo y comunicación sin dejar nuestro rol de lado. 

Confianza y Comunicación

La comunicación y confianza son privilegios que se ganan con esfuerzo y dedicación, y que debe ser una carretera de doble vía.

Lo principal acá es escuchar lo que nuestras hijas quieren decir así como prestar atención, eso significa tener un archivo en nuestra memoria dedicado enteramente a la película Frozen y sus canciones para seguirle la conversación a nuestra hija. Y lo más seguro es que terminemos cantando “Libre Soy” en la ducha.

Así como también en demostrarle que su privacidad está a salvo con nosotros ¿cómo hacemos esto? Evitando divulgar  situaciones que sean vergonzosas para ella sin importar que tan gracioso nos parezca. No las hace sentir bien que toda la familia más tus amigas sepan que se cayó de la cama cuando estaba jugando en ella.

Otro punto clave es compartir con ella tus actividades: tenlas en la cocina mientras haces la cena y dale tareas pequeñas que no sugieran ningún tipo daño. Explícales en qué consiste tu trabajo y que significa para ti. Háblales de tu infancia, deja que te conozcan a ti así como tu las conoces a ellas.

E intégrate a las actividades que te invite, si te invita a jugar, juega con ella. Quiere que le leas un cuento antes de dormir, léele el cuento antes de dormir. Llevarlas a comer helado o hacer una actividad que salga de la rutina.

Intégrate a su vida e intégrala a la tuya sin dejar de ser mamá.

Comunicación con tu hija