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La muerte de un ser querido causa impacto a nivel familiar, y  a los niños hay que incluirlos en el proceso de duelo natural del ser humano.

A todos nos causa tristeza la pérdida de un ser amado, el hecho de no tenerlo físicamente con nosotros nos causa estados de ansiedad y angustia que sólo podrán ser superados si vivimos el duelo y aceptamos que la muerte es un proceso biológico y natural.

Como explicarle la muerte a los niños

Si somos padres, la angustia es aún mayor porque más allá de la tristeza que tienes, no deseas ver a tus hijos sufrir, no sabes cómo explicarle el motivo de tus lágrimas y mucho menos sabes cómo vas a decirle que ya su abuelo, su tía o su mascota no estará más con nosotros.

En muchos casos a causa de enfermedades o accidentes la muerte se convierte en algo inminente, en esos casos la preparación es clave. Apóyate en historias animadas como El Rey León o Bambi y explícale que es el ciclo natural de la vida, te sorprenderá como a lo mejor sientes que te entiende porque seguramente ha escuchado que su amigo de la escuela perdió a su mascota o algún familiar y quizás alguien le explicó de qué se trataba.

Depende de la edad de tu hijo debes explicarle con más,  o menos detalles la pérdida física de una persona.

Si es un niño entre 3 y 6 años difícilmente pueda entender que la muerte es para siempre y que algún día a todos nos tocará, quizás tampoco comprenda que esa persona ya no hará las cosas cotidianas como comer o caminar, es importante que en su mente haya un lugar especial donde poner a esta persona, depende de tus creencias puede ser el cielo, decirle que está con dios haciendo todas esas cosas y que ahora está feliz. ¡Debes hablar con la verdad!, que pueda entender que esa persona que tanto quisimos quedará en nuestros recuerdos.

Si la pérdida fue de un familiar muy cercano que compartía mucho con tu hijo, al principio te parecerá que no le dio tanta importancia, porque los niños no asimilan la pérdida de inmediato, pero quizás notes algunos cambios en su patrón de conducta y eso le sucederá cuando relacione cosas que le recuerden a esa persona,  puede ser que se resista a entrar a un lugar o que se enoje al comer galletas contigo, tómalo con calma, todo es parte del proceso de duelo y de cómo los niños expresan sentimientos lo que los adultos hacemos con palabras. No intentes distraerlo con juguetes o idas al parque, más bien incentívalo a hablarte o a hacer un dibujo para que pueda sacar todos esos sentimientos de tristeza y ansiedad. Este es un proceso que puede llevar meses. Si notas conductas muy agresivas o aislamiento prolongado debes acudir al médico.

Nunca intentes evadir sus preguntas, así sean repetitivas, y aún si nadie de su entorno ha muerto, busca libros de ayuda como "Así era mi abuelito" escrito por Joan de Deus Prats, y recomendado para niños de 0 a 4 años de edad, o "¿Dónde está güelita Queta?", escrito por Nahir Gutiérrez, que está recomendado a partir de los 5 años, éstos te darán luces del lenguaje apropiado para hablarles del tema. Dale respuestas cortas y sencillas, no te extiendas explicando lo que es el cáncer o cómo sucede un accidente de auto, solo dile que esa persona está en un lugar feliz y ya no siente dolor.

No lo aísles de tus emociones. No contengas tu llanto o tristeza, en principio porque todos los seres humanos debemos vivir nuestro duelo interno y porque si el niño ve que le ocultamos nuestros sentimientos, pensará que no puede preguntar porque es algo malo o porque sus padres pueden ponerse más tristes, los niños en edades entre 6 y 10 años ya pueden comenzar a manejar sus propias emociones y pueden comenzar a ser empáticos con las emociones de los demás. En el caso de niños más pequeños, debes explicarles que a veces los adultos también se sienten tristes, pero que lo sigues amando como todos los días.

Sabemos que los  rituales funerales son dirigidos en honor a la persona fallecida, pero también como una forma de asimilar la pérdida a los familiares. A los niños a partir de 10 años se recomienda incluirlos en las ceremonias de despedidas. Aunque sabemos que es un tema delicado y una decisión muy personal de la familia, es bueno que los niños vivan esta experiencia, obviamente sin ver el féretro abierto, ver a las personas consolándose y expresando sus emociones le harán más sencillo expresarlo a él también.

A continuación te dejamos algunas respuestas que le puedes dar a tu hijo frente a esas preguntas directas y difíciles, publicado por el portal RTV de España:

- La muerte se puede explicar fácilmente en términos de ausencia de las funciones vitales que los niños conocen: las personas se mueren cuando ya no respiran, no comen, no hablan, no piensan y no sienten; cuando los perros se mueren dejan de ladrar y correr.

- "¿Cuándo te morirás tú?". Una pregunta 'agresiva' para un adulto, pero que refleja una preocupación cierta de un niño. La mejor manera para contestar puede ser otra pregunta: ¿"Te preocupa que yo no esté aquí para cuidarte?". Si es así, una buena respuesta tranquilizadora sería: "Yo no espero morirme en mucho tiempo. Espero estar aquí para cuidarte todo el tiempo que necesites. Pero si papá y mamá se mueren, habría muchas personas que te cuidarían: la tía, el tío, la abuela...".

- No es bueno comparar la muerte con el sueño, el descanso eterno o el descansar en paz. Un niño puede sentirse confundido y empezar a tener miedo de irse a la cama o echar una siesta, o tener miedo de que si se queda dormido no despertará.

- "Se murió por una enfermedad". Los niños en edad preescolar no distinguen entre las enfermedades pasajeras y las mortales y puede generarse en ellos una preocupación innecesaria. Es útil aclarar que solo una enfermedad grave puede causar la muerte.

- "Tu hermanito está con Dios". Los niños pequeños tienden a entender las palabras literalmente, y declaraciones como "es la voluntad de Dios" pueden asustarle y hacer que crean que Dios también vendrá a llevárselo a él.

Recuerda que lo que no explota hacia afuera, se queda adentro y causa estrés y depresión, el estrés causa enfermedades, por eso es tan importante ayudar a los niños a expresar y canalizar sus emociones. Si lo logramos tendremos niños sanos mentalmente y armonía en nuestro hogar.

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