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Es común que muchas veces cuando hablamos no seamos capaces de entregar el mensaje como lo queremos entregar, y muchas veces cuando escuchamos no lo hacemos realmente o no le demos la importancia necesaria. Es una cualidad que nos puede traer muchos problemas en nuestra vida diaria, imagínese cuántos nos puede traer con nuestros hijos.

 

Comunicación con los hijos

Estamos en una conversación con un amigo, hablando de cualquier tema que este en la palestra y de repente nos encontramos que nuestro amigo exclama ¡no entiendo lo que dijiste!, por lo que lo repetimos pero eso no basta, sino que nos vemos en la necesidad de decodifica el mensaje para él. Entonces pensamos que no nos estaba prestando atención cuando la realidad indica que fuimos nosotros los que no nos dimos a explicar.

Después encontramos que tenemos cierta tendencia a contradecir lo que decimos lo que indica que simplemente no nos hemos decidido a que es lo queremos expresar. Y encima de todo tenemos cierta tendencia a no escuchar realmente lo que otro dice. Por lo que a menudo nos encontramos pensando en otra cosa y no concentrarnos en lo que la otra persona esta diciendo, limitándonos a “ajas” y “uhum”.

Es un comportamiento que nos lleva a parecer groseros ante los ojos de otras personas, y hace bastante difíciles nuestras interacciones con otros.

Con nuestros hijos no es diferente. 

De repente nos encontramos levantándole un castigo que mamá o nuestra pareja le impuso por algún comportamiento. Tal vez cuando le dijimos que si no hacía la tarea le esperaba una semana sin televisión o computadora, pero cuando efectivamente no hizo la tarea hacemos que cumpla el castigo por solo unas hora porque “pobrecito esta aburrido”. 

O en un escenario completamente distinto le prometemos llevarlo a comer helado si pasa el examen de matemáticas con una nota específica, y cuando nuestro hijo nos llega emocionado y con ojos brillantes a mostrarnos su examen le decimos que no lo vamos a llevar a comer helado porque tenemos un compromiso. Y ese es el exacto momento en que la confianza que nuestro Ondakid ha depositado en nosotros empieza a romperse. 

¿Qué es la  Asertividad? 

La asertividad es una forma de comunicación en la que nos expresamos a nosotros mismos de forma clara y precisa, tomando en cuenta al otro y dándole la importancia que merece. Así como teniendo plena conciencia y aceptación de las palabras que salen por mi boca. 

Cuando soy asertivo tiendo a ser coherente y apegarme a lo que he dicho. Si le digo a mi hijo que está castigado sin ver televisión por el día es mi deber hacer cumplir el castigo tal cual lo dije. Y si le digo a mi hijo que lo voy a llevar a alguna parte como una recompensa, no puedo, en ninguna instancia cambiar los planes de un momento a otro y sin una explicación razonable.

Cuando de nuestros hijos se trata, todos nuestros comportamientos deben ser coherentes entre sí. Ellos dependen de nuestra coherencia y consistencia para poder desarrollarse de la mejor manera posible, dado que ellos aprenden de nuestro comportamiento, lo observan, lo archivan y lo reproducen; y si nosotros no somos coherentes con nuestras palabras y demás comportamientos, entonces ellos tampoco lo serán en el futuro.

No estamos siendo asertivo cuando no escuchamos lo que nuestros hijos quieren decir o demostramos aburrimiento absoluto ante sus debates (que normalmente son monólogos dado que no busca una retroalimentacion) estamos logrando ganar que nuestro hijos también pierdan el interés en hablar con nosotros en el futuro. No escuchar es una clara señal que no te interesa lo que el otro tenga para decir, y cuando eso pasa con tus hijos ellos lo ven como que no son lo suficientemente interesantes para ti y va a llegar un punto en que no van a intentar mantener conversación. 

¿Cómo lograr la comunicación Efectiva y Asertiva entre tu Ondakid y tú? 

Lo primero es ser coherente y claro con tu discurso, apégate a tus palabras y muéstrate sincero con ellos. Tu postura y lenguaje corporal debe ir a la par con lo que dices. 

Lo segundo es si dices que cierta conducta amerita un castigo o una recompensa cumple con el castigo y con la recompensa. Nada haces articulando el discurso sino vas  apegarte a él y lo cambiarás en el segundo que te parezca. 

Tercero es ponerse de acuerdo con nuestras parejas: que ambas partes coincidamos con el discurso y lo hagamos cumplir. Que existe una fluidez en las decisiones tomadas con respecto a la situación que estén atravesando.

Y Cuarto, no temas al diálogo. Negocia, llega a acuerdos, toma en cuenta lo que el otro tenga que aportar, sobretodo si ese otro es nuestro hijo. Escucha lo que tenga que decir y tómalo en cuenta.

Recuerda que tus hijos ni son adultos ni son adivinos para saber que es lo que realmente quieres decir, lo mejor es ser directo y sin disfrazar que es lo que quieres decir. Si te ves en la necesidad de explicar lo que quisiste decir es momento de evaluar la forma en la que te comunicas.

Comunicación asertiva con los hijos