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Como padres intentamos proveer a nuestros hijos con millones de juguetes. Buscamos complacerles y comprarles los juguetes más nuevos y brillantes que se puedan ver por televisión pero a veces nos enfocamos tanto en comprarle lo que nos piden que olvidamos darles lo que realmente necesitan.

 

Demuestra afecto a tus hijos

El afecto es una parte inherente en nosotros, damos afecto y buscamos afecto. Es de esas características esenciales en nuestra vida, pero otra característica, a la cual me gusta llamar mala costumbre, es que como no sabemos expresar nuestras emociones y sentimientos terminamos reemplazando el afecto con objetos materiales, teniendo la falsa idea de que la cantidad de objetos que compramos a nuestros seres queridos es equivalente al cariño que sentimos por ellos. Pero cuando damos el objeto no va acompañado de palabras cándidas que realmente expresen nuestro sentir por ellos.

Nuestra cultura acostumbra que al niño varón, después de cierta edad, se le limita el afecto. Se le enseña que ciertas muestras de cariño deben ser vistas como bochornosas y se les exige a mostrar una imagen un poco más dura, se le enseña que el afecto es más una debilidad que una parte esencial de la persona (así como pasa con la expresión de emociones) y no le dejamos otra opción que crecer para ser un padre que no sabe expresar afecto a su hijo con palabra por lo que lo hace con cosas. 

Un Abrazo es mejor a darle a un Ondakid  que un Nintendo DS

Llenamos el cuarto de los niños con juguetes: si sacan una mala calificación en la escuela le ofrecemos un juguete si mejora sus resultados, si se porta como es adecuado le damos un juguete como recompensa. Para cualquier acción que nos parezca adecuada o merecedora de una recompensa, le compramos un juguete. Gastamos gran parte del sueldo para verlos reír y que nos den un abrazo, compramos su afecto.

Es cuando olvidamos darle nuestro tiempo y por ende nuestro afecto. 

Cabe resaltar que ellos no saben que el juguete significa “te quiero”, por lo que es necesario decírselo. Parece algo muy lógico y sencillo pero es algo que se nos olvida de una manera muy fácil. 

Son muchas las veces que durante charlas y talleres los padres insisten que hacen eso por dos razones: 

Una es para compensar. Es decir, dar algo a sus hijos que ellos nunca tuvieron.

Y la segunda es que no saben como expresar el afecto con palabras o gestos. 

Una cosa que hace que a un niño le agrade algún adulto es que este sea amable con ellos, que sea una persona a la que puedan abrazar y la que escuche todas sus fantasías y juegos. Uno de los mayores incentivos es, en mi experiencia, una palabra que les aliente.

El Afecto como refuerzo positivo para nuestro Ondakid 

El refuerzo positivo intangible es como se le llama al afecto.

El reforzar una conducta deseada es lo que hará que esta se quede. ¿Cómo se instala una conducta? Primero se enseña y después se refuerza. 

Digamos que enseñados a nuestros niños a ordenar su cuarto, cada vez que lo hacen es necesario darle algún cumplido “¡que bonito te quedó el cuarto!” seguido de un abrazo. Haciendo esto lograran instalar cualquier conducta que crean necesaria.

 Uno de los puntos clave es que el niño debe verlo como una recompensa y recibirlo de manera sistemática después de mostrar la conducta  adecuada. Con el tiempo la conducta debe proporcionar un reforzador interno: la sensación de logro.

Toda conducta positiva que el niño lleve a cabo debe ser recompensada, pero el único premio del cual se debe hacer uso es el reconocimiento afectivo. Palabras de aliento, halagos, elogios. Todo esto con una postura acorde a las palabras que se están diciendo, tomando en cuenta la edad y las características del niño o niña.

Asimismo, el pasar tiempo con ellos indica nuestro cariño. 

Cuando nos la pasamos trabajando nuestros hijos quedan (sin querer) en un segundo plano, lo que se traduce a ellos como que no son tan importantes como el trabajo. Creando en ellos una ligera sensación de abandono. El cual es uno de los mayores temores que un niño puede tener. 

Trabajamos de más, excesivas horas necesarias para comprar todos los juguetes que creemos que nuestros hijos necesitan pero no lo apareamos con el afecto que también necesitan, por lo que terminamos creando adultos que no saben decir te quiero y dependen de las posesiones materiales para demostrar amor y para que le muestren amor.

Una de las cuestiones claves para forjar relaciones sanas con nuestros hijos es precisamente las muestras de afectos, eso les hace ver que son importantes para nosotros y que son parte de la familia, y no cualquier otra persona que vive con ellos. Además que establece y fortalece la confianza en la relación padre-hijo.

Cuando el niño crezca y sea un adulto no va a recordar con la misma nostalgia el montón de juguetes que tuvo sino lo que hizo con sus padres, los buenos momentos y los traumas. Las muestras de afecto y si su padre se tomo el tiempo necesario para estar con él. Lamentablemente, el tiempo no es algo que se compra o se recupera y los momentos son ocasiones que se dan una vez en la vida; cada minuto en la vida de nuestros hijos cuenta y es nuestro deber hacer que valgan la pena ser recordado.

Tiempo de calidad con los hijos