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En la sociedad en la que vivimos normalmente se le da a la madre la responsabilidad de la crianza del hijo y el padre tiende a ocuparse sólo de proveer en la casa, dejando ausente un gran vacío emocional en los hijos.

 

Niño creciendo

Si prestamos atención a nuestra cultura latina podemos observar la suma importancia que se da a la figura materna dado que es el rol al que se da la tarea de formar el vínculo afectivo. Hoy en día vemos que esa situación ha mejorado y vemos a una figura paterna más involucrada desde el punto de vista emocional. 

A los padres que fueron criados en ambiente reprimido y que resaltaban más los aspectos masculinos en el sentido machista, fueron niños en un tiempo en el que expresar las emociones era visto como una debilidad de carácter y no como una característica de todo ser humano. Fueron criados en un tiempo que llorar no estaba permitido y que el contacto físico con sus propios padres era percibido como un insulto a su masculinidad. 

Si observamos esto de cerca resalta que la ausencia de afecciones de estos ahora padres empiezan a pasar factura en sus propios hijos y la realidad es que no es que no quieran ser cariñosos y decirles diversos te quiero, es que no saben ni tienen idea de cómo expresarlo y esta es una consecuencia común: si no enseñamos algo es difícil que sepan hacer ese algo. Y es lo que pasa con estos adultos. 

La responsabilidad de los padres no se limita a solo comprarles cosas a sus hijos y cargarlos de actividad en actividad sino también de formar un vínculo afectivo con ellos. Es por eso que la carencia afectiva se ha vuelto un problema común en la población latinoamericana, la ausencia de la figura paterna es común en nuestros hogares y en muchas ocasiones la ausencia paterna es más emocional que física. Ésta ausencia  se debe a que el padre está allí, duerme en la casa y come con la familia, pero es incapaz de conectarse a nivel afectivo-emocional con sus hijos. 

Hoy en día el término Inteligencia Emocional  es cada vez más usado por el público en general, este se refiere a la capacidad que tiene la persona para reconocer, entender, manejar y trabajar sus emociones así como reconocer y comprender las de los demás. 

Ahora, si nos concentramos en esto entonces ya sabemos porque estos adultos tienen dificultades para conectarse emocionalmente con sus hijos. No tienen la capacidad para reconocer las emociones de ellos y mucho menos manejarlas, lo que hace difícil o casi nula  la buena  comunicación entre el padre y los hijos. 

¿Qué quiere decir esto en nuestra relación con los Ondakids? 

Que el padre debido a este tipo de inhabilidad emocional y una marcada dificultad de comunicación no da muestra de cariño a sus hijos, esto no quiere decir que no los quiera o que no les importe sino que es víctima de una crianza similar y de algún tipo de trauma que no le deja expresarse de dicha forma por lo que no es capaz de formar tal vínculo. Esto deja al niño con un vacío emocional y probablemente con esta misma inhabilidad como herencia. Además que esto evite que el padre ejerza su rol de forma adecuada.

Como padres tenemos que expresar las palabras te quiero, eres importante y demás, dado que el niño no sabe interpretar tus actos como tal. Las muestras afectivas sin duda benefician al adecuado desarrollo de nuestros hijos e instala una salud emocional que le beneficiará en el futuro. 

¿Cuál es la solución para conectar con los Ondakids?

Buscar ayuda profesional y trabajar en pro de la aceptación de sus emociones. No será un camino sencillo y no hay nada más difícil que empezar a aceptarlas. Esto crea un malestar marcado en nosotros que puede empujarnos a abandonar la terapia, pero lo mejor que podemos hacer es quedarnos y trabajar con todos nuestro problemas. 

Como remarque antes, esto nos ayudará a mejorar nuestra calidad de vida y por ende nuestra salud. Este es el primer paso para convertirnos en un padre que esté presente tanto física como emocionalmente, fortaleciendo el vínculo con nuestros hijos y mejorando su desarrollo.

La figura paterna representa las normas de la sociedad en la que vivimos, la independencia y el desarrollo de lazos afectivos duraderos así como una mayor tolerancia al estrés, empatía, mejor concepto de sí mismos, autocontrol, mayor capacidad cognitiva, identidades más definidas y hábitos más saludables.

A la hora de tener hijos tenemos que estar conscientes de nuestros problemas y aceptarlos para así poder empezar a sanar. Con esto no solamente vamos a  beneficiar la salud de nuestro futuro hijo sino a nosotros mismos  también  dado que nos obligará a centrarnos en nuestra propia salud. 

No cabe duda que cuando ambos roles están presentes en la vida de sus hijos, estos se desarrollan de una manera mucho más sana y adaptada.

Papá  jugando con Ondakid